26.10.08

La historia de las dos torres


La historia de las dos torres

Samuel Bedrich


Esto sucedió en algún momento entre el siglo XIX y el XX: en Francia se festejaba el 100 aniversario de la revolución francesa y alguien ofreció un monumento para festejarlo. Gustavo fue llamado para hacer los planos y dar su idea.

Al mismo tiempo, a miles de kilómetros, en un lejano lugar del nuevo continente, un hombre, Miguel, tuvo una idea similar de construcción: pensaba edificar una torre muy alta para vigilar la pradera de su pueblo y así poder evitar los continuos ataques de los zorros que se comían las gallinas de la comunidad.




Miguel hizo un diseño, calculó costos y fue a presentar su plan a la sesión de la comuna. Su propósito era más o menos el siguiente: “podríamos usar madera de acá y Juan nos podría prestar su burro para traer los materiales. Lo amarramos todo con soga, bien apretadito y le ponemos tres pisos para que sea bien seguro...” y así siguió con la descripción: contó que mediría 30 metros de alto, que le pondrían un techo para la lluvia, una escalera con barandas bien seguras, y algunas otras ideas.




Gustavo también hizo su diseño. Su idea era más o menos así: “Tiene que ser algo revolucionario, un símbolo de nuestra ciudad”-dijo. “La haremos sólida, con columnas de hierro (en esa época todas las casas eran de madera), con tres pisos, y en la parte alta podremos poner una antena de radio para que una radiodifusora pueda transmitir a todo París; tendrá elevadores y más de 200 metros de alto. Mucha gente podrá subir a ella y ver la Ciudad Luz (así le llaman a París), desde lo alto...” y así siguió contando.

El día de la presentación de Miguel, Juan dijo que su burro no estaba disponible en la semana y que no lo podría prestar; Ernesto dijo que el techo no debería tener una estructura fuerte, sino que bastaba un poco de paja, y que tampoco debería de ser de dos caídas, sino plano; luego Domingo dijo que no era necesario hacerlo tan alto y que la madera ahora estaba muy escasa, y que cuando mucho conseguirían palos de 20 metros de alto. Luego Francisco dijo que si usaban soga era muy peligroso, que mejor había que ir a la municipalidad y hacer una solicitud para pedir un apoyo de cable de acero, pero que para eso se necesitaba una carta y Ramiro, el que sabía escribir, había salido del pueblo... Miguel no se desanimó y les dijo que podrían comenzar a reunir unos materiales, entonces Matilde dijo que ahora, con la temporada de lluvias, era mejor no construir, porque la madera estaba húmeda y no era recomendable...

Mientras tanto, en Francia, Gustavo se reunió con su comuna y después de exponer su plan, Ulrick sugirió que en el primer piso pusieran un restaurante de buena cocina y que eso les gustaría a muchos. Dominique dijo que ella siempre había soñado con eso y que le gustaría apoyar el proyecto; Michel propuso que además de la antena, tuviera un mirador en el tercer piso y hasta un pequeño museo. Luego Frederick dijo que como eso requeriría una alta inversión, se ofrecía para buscar las fuentes de financiamiento...

Del otro lado del mundo, Miguel insistía en su torre, pero el plan ya había sido recortado de 3 pisos a 1, y la escalera ya no tenía pasamanos, sino unos pequeños huecos en la madera para poderse agarrar; incluso el techo había sido borrado del diseño, pues según Domingo, nadie lo necesitaría ya que todos estaban acostumbrados al sol y tenían sus propios sombreros.



En 1889, se inauguró, durante la Exposición Universal que conmemoró los 100 años de la revolución francesa, la Torre Eiffel, llamada así en honor a su diseñador, el Ingeniero Gustavo Eiffel. Hoy en día es uno de los símbolos más representativos de Francia y el mundo, y recibe más de 6 millones de visitantes al año.


Entretanto, en otro lugar del mundo, los nietos y bisnietos de Domingo, Miguel, Juan y Matilde se reúnen de vez en cuando, cuando no hay lluvia, para discutir qué hacer para evitar que los zorros se coman sus gallinas.