9.1.14

[Reseña] Borges, como si algo más se pudiera escribir al respecto. La maga: Edición especial de colección

Sigo desempolvando archivos digitales de una carpeta casi abandonada. Debería sentirme afortunado por no tener más trabajo y poder escarbar en ese rincón de la computadora que había dejado olvidado.

  Entre todos esos papeles sin olor, sin tacto, sin tridimensionalidad, encontré uno que me hizo llegar Caro. Hace ¿medio año, un año? Es una copia digitalizada de una revista llamada "La Maga", del 18 de febrero de 1996, un homenaje al maestro Borges. Comencé con escepticismo y ahora tengo un nudo en la garganta.



  Mi padre me leyó a Borges por primera vez... tal vez a los 5-6 años. Tal vez antes. Lo recuperé a los 10-12 y sin entender, pensé que me divertía y que algo comprendía. El sur, el puñal, el Jardín de los senderos que se bifurcan. No creo haber entendido nada, pero años después, en la biblioteca de la universidad (una verdadera biblioteca, con libros, estantes, códigos, ficheros y encargados) me encontré con el Ficcionario de Monegal. Me lo llevé a casa y debo haber renovado el préstamo unas 6 veces por lo menos. Me costaba, pero comenzaba a entender, a copiar, a admirar.

  Y luego conseguí pequeños libros: el libro de arena, el Aleph y comencé a escribir cuentos y a usar su estilo. Alguna vez, en la página de "los cuentos" subí uno que alguien me criticó como una copia de él (era una historia en la que contaba cómo el tiempo se detenía y mi tasa quedaba en el aire, todo quedaba estático por un instante y luego se hacía el caos). Me sentí halagado.

  Luego fui a Argentina por primera vez y compré 1,2,3,4 libros de Borges, los cargué por Buenos Aires, Mendoza, Santiago y los llevé a Quito y de ahí volé con ellos a México. Orgulloso. En mi segundo viaje a Argentina busqué su rostro en los ancianos, busqué sus fotos en San Telmo, seguí sus pasos por la ciudad, visité la calle México, lo encontré en las librerías de Corrientes y después lo encontré en Eco y en otros autores: él definió por muchos años el estilo de literatura que quise seguir.

  Pero después, aunque cargo con el Ficcionario como uno de mis libros de cabecera (Otros son El Péndulo de Foucault y el Homenaje a Cataluña), la dureza del doctorado me hizo ponerlo de lado. ¡Qué duro lo golpean los argentinos! Apátrida, derechista, antirrevolucionario, germanófilo casi pronazi, conservador... Sí, sí, sí. Antiperonista, sátiro, ridiculizador, aborrecedor del tango, todo en una sola persona; (yet) y al mismo tiempo tan argentino: crítico, mordaz, inoportuno, directo, acusador, orgulloso. Borges es el rioplatense que todos y nadie quiere ser: el resultado de la paradoja, la complejidad y la contradicción del gaucho mezclado con europeo.

  En fin, lo dejé como quien deja en el desván el auto con el que jugó de niño, como quien abandona la foto de la novia que murió en el fondo de una caja, como quien intenta borrar la imagen del padre por su mal actuar. Ahora, que el doctorado termina y puedo volver a mis monstruos y héroes; que tengo la oportunidad de ir al desván, que puedo escarbar entre cajas y desenredar cintas abandonadas me encuentro de nuevo con él y me digo que será lo que sea, pero era un personaje. Como todos los escritores -que además son seres vivos, complicados, caóticos y llenos de conjeturas- tiene sin duda mucho que reprocharle, pero también mucho que observarle y seguir leyendo.


  De coincidencias siempre habló. De coincidencias estamos hechos y una de las más ricas del año pasado fue pasear por Ginebra con Martina y Fernando en bicicleta y aterrizar en el cementerio de la ciudad donde está él. Imposible negar que sentí tanta calma como hace un rato que revisé esta revista y como la que siento ahora que escribo un pequeño homenaje más.

La Maga, Noticias de cultura. Edición especial de colección: Homenaje a Borges. Número 18, febrero de 1996. Buenos Aires. Disponible aquí.