22.2.14

[Reflexiones] [Política] ¿Se puede comer en Carl's Jr y asistir al Congreso Popular?

Al ritmo de Message in a Bottle, de The Police, sí, así a todo ritmo ochentero me dispongo a hacer mi últimos comentario sobre el Congreso Popular del 5 de febrero de 2014. 

Un Congreso Popular que tuvo toda la buena intención pero nació técnicamente muerto. ¿Por qué? Me parece indudable la calidad ética y profesional de John Ackerman, Julio Hernández, Jenaro Villamil, Epigmenio Ibarra, Elena Poniatowska y de muchos más de los convocantes. El problema no fue de credibilidad.

El asunto fue otro -u otros- y me atrevo a plantear un par. La organización fue mucho más pulcra y efectiva que muchos eventos en los que he participado. Hasta me atrevería a decir que hubo puntualidad y orden. A las 8:30 que convocaron (y llegamos más de 200) las mesas estaban instaladas y de no ser por el retraso en la llegada de las identificaciones para los participantes, habríamos arrancado cual reloj suizo. Ackerman estaba ahí, apoyado por los que seguramente eran alumnos suyos (y de otros) y se movía tranquilo de un lado a otro. Sonreía, saludaba, accedía a tomarse fotos en un ambiente festivo...


Pero los demás no estaban. De los convocantes (no conozco a muchos en persona), sólo alcancé a identificar a una decena. Para uno que conoce un poco el medio académico, me atrevería a decir que el problema fue el ego de siempre: primero yo, luego yo y al último yo. No el ego de la envidia, sino el ego de la autosuficiencia; el ego que padece aquel que en clase nos dice que hay que unirnos, pero en la vida hace artículos solo, dibuja solo, escribe solo. Normal, ¿no? el proceso creativo exige soledad, pero no nos ayuda a la construcción social. 

De algún modo, el Congreso Popular me hizo pensar en lo que Hobsbawm dice en Rebeldes Primitivos: que todos -muchos, no generalicemos- los movimientos populares surgen como una respuesta conjunta, caótica y desordenada frente a un enemigo común. Y así como surgen, se desintegran. Llamémosle Soy#132, Congreso Popular, Primavera Árabe, Protesta Ucraniana, Venezuelazo... Algunos logran su objetivo, con un costo enorme (Ucrania o Egipto), mientras otros son una válvula de escape que pronto se desinfla. 

Triste historia la nuestra: si buscamos líderes y los encumbramos se hacen caudillos y si no los tenemos, pronto saltaremos a otro grupo, hasta que encontremos uno en el que creamos. Como en Twitter: saltamos de crítica en crítica y hacemos hashtags (temas del momento), pero pronto cambiamos de tema porque en la red circulan miles: hoy Venezuela, mañana Peña Nieto en Time, por la noche la Selección Nacional de Futbol, y tres días después la muerte de José Emilio Pacheco. Saltos, saltos, saltos. 

Usando términos de Internet: se viralizó el asunto y así de pronto se fue: me parece que los organizadores no lograron capitalizar a toda la gente que se tenía ahí. Pudieron aprovechar para invitar a formar grupos de 10 y que charlaran de un tema, sólo con el objeto de que se conocieran; pudieron los convocantes hacer pequeños colectivos y presentarse... Pero no. Decidieron presentar shows musicales, permitir que la gente hablara sin ton ni son y finalizar con un patético debate-acuerdo en el que se decidió que el Congreso Popular... Participaría en la marcha del 18 de marzo y asistiría al Zócalo. Eso lo pudieron informar por Twitter o Facebook. 

Los que aprovecharon el evento -y el verbo es demasiado optimista- fueron los vendedores de Proceso, los electricistas, los del CNTE y la enviada de Mireles, que con un capital político mayor, hicieron sus discursos mientras los organizadores se vanagloriaban de convocar a muchos para que todos hablaran. "Vamos a tomar todas las ideas y hacer un documento"... El más puro estilo académico de los congresos-torre de Babel: tienes 2 minutos para hacer tu ponencia y luego lo sistematizaremos en un libro que nadie leerá. Es más, lo haremos digital y así no gastaremos en papel. ¿Y la divulgación? 

Es la historia de un esfuerzo más. Es la historia de una frustración más para quienes nos iniciamos en la política y la muestra de que sin organización previa, un evento, por más delegados que convoque, sigue siendo un universo paralelo a la realidad nacional. 

Seguiremos intentando, pero no esperen que me mueva desde Oaxaca hasta el Zócalo para "defender" el petróleo, pues además de que mi economía no me permite esos lujos, no termino de comprender la utilidad de reunirnos si antes no hemos hecho un trabajo de reflexión ante nuevos actores sobre la necesidad de que estos actos sólo funcionan cuando son realmente masivos y capaces de desestabilizar a un gobierno fallido pero potente en su forma de organizarse. 

Al finalizar el Congreso Popular me fui a Carl's Junior a comer una deliciosa y grasienta hamburguesa. No por ello me sentí menos mexicano, pero sí pude comprobar que a 200 metros del Monumento a la Revolución, no había ecos de nuestra emoción y que si queremos cambiar a México, tendremos que ampliar la base de indignados, motivar a nuevos (entre ellos los que comían ahí) y sobre todo usar nuevos discursos que superen el desangelado grito de guerra por la defensa de algo que siempre fue manejado por el PRI y sobre el que jamás exigimos transparencia o calidad en su manejo. 

La foto es de Aristegui Noticias y el libro citado:
Hobsbawm E. 2001 [1959] Rebeldes Primitivos, estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX. Ed. Crítica, Barcelona.