19.2.17

[Viajes] Domingo de Motos: Oaxaca - Hierve El Agua - Santa Ana y San Luis del Río- Totolapan - Oaxaca



Otra ruta alterna para un domingo de motos de doble propósito, para gente que gusta del polvo y de usar sus motos para lo que son, no para presumir el modelo de la de dos ruedas y el traje BMW. Salida y vuelta a la Ciudad de Oaxaca. 

Distancia aproximada: 200 kms (Aprox 80 kms de terracería, el resto, pavimento).
Tiempo: 6 hrs
Dificultad: intermedia
Ruta: Oaxaca - Mitla - Desvío hacia Xagaá (carretera de terracería a Hierve el Agua) - Hierve el Agua - Santa Ana del Río - San Luis del Río - Carretera al Itsmo, Km 100 - Oaxaca.

La salida fue aproximadamente a las 9AM después de que estuviera prevista a las 7, pero como el otro motociclista desertó, decidí despertar con calma y cambiar un poco el plan original que era únicamente para pavimento. La idea inicial fue ir solamente a Hierve el Agua por el camino de terracería, desayunar ahí y volver a Oaxaca.

Después de un desayuno demasiado básico, aunque no malo, decidí tomar el camino hacia San Lorenzo Albarradas y preguntar hacia donde llevaba un camino que siempre había despertado mi curiosidad. "Santa Ana del Río", me dijeron. ¿Y si continúo? "A San Luis del Río y luego a la carretera de Tehuantepec." ¿Tardaré mucho? "Una  hora a Santa Ana, aunque con la moto, como media, y de ahí otra media a San Luis. Como hora y media, póngale". Salgo a la carretera, ¿Verdad? "Sí, señor!" En ruta, pues. No había más que preguntar. La mañana iniciaba, el tanque tenía gasolina, terminaba de desayunar... ¡Nada que perder!

Panorámica en el camino a Hierve el Agua






El paisaje simplemente impresionante. La ruta, polvosa, pero no tan complicada y relativamente aplanada, aunque con subidas y bajadas. Nada que una moto de doble propósito no pueda hacer. Avancé haciendo paradas de vez en cuando para hacer algunas fotos y videos. Santa Ana del Río sorprendente por la cantidad de palenques y de campos de cultivo de agave espadín. Un pueblo enclavado en la sierra. Como antes fueran los pueblos mineros, solo que éste es mezcalero. No se distinguen otros cultivos. 

Desde ahí hasta San Luis el camino continúa a descender. He pasado de los 1910 sobre el nivel del mar a los 1500, luego a los 1200 y 950 en Totolapan. El calor se siente, aunque por fortuna en el cielo algunas nubes hacen sombra. Continúo avanzando hacia San Luis y pregunto a un par de personas si voy en el camino correcto. Afirmativo. Se siente la sierra oaxaqueña, interminable, indomable. La conexión a celular es intermitente: funciona en la zonas altas, pero no en las bajas. 

Agave Espadín por cientos; Palenques por decenas
En San Luis, la población es un poco más grande. Al entrar al pueblo se bordea el río y al mismo tiempo se pasa debajo del palacio municipal que, como en muchos pueblos, está junto a la iglesia, la cancha de basquetbol y la única tienda de Diconsa (¿será por eso que Liconsa está tan interesado en abrir más sucursales antes de las elecciones?). Avanzo por la calle Independencia (¿Qué otro nombre, si no?) y continúo avanzando hasta salir del pueblo. 

Son las dos de la tarde. El sol continúa arriba y fuerte. Decido continuar y unos quince kilómetros más adelante, caigo sobre la carretera que viene desde el Itsmo ¿o va? Estoy un poco desorientado y a punto de tomar camino al sur, pero se detiene una camioneta y me indica que el camino a Oaxaca es el opuesto. Y claro, el pavimento es diametralmente distinto: hay autos, se puede rebasar, se avanza con mucha rapidez y los 100 kilómetros que me separan de Oaxaca se hacen en cuestión de una hora. 

La Entrada a San Luis del Río, como un castillo
El camino de regreso es una seda, pero sigo pensando que éste es el mejor tipo de salida: una mezcla híbrida de tierra y pavimento. Algo que nos haga manejar de dos formas distintas y nos permita ver la enormidad de la sierra oaxaqueña. Acá no hay derecho a errores o fallas mecánicas... ¿Qué harías con una moto descompuesta en la mitad de la sierra? Supongo que no será fácil recibir el servicio BMW o la garantía de viaje. Por eso me gusta el campo, porque al final, te rascas con tus propias manos y solo dependes de ti y la buena mano de los habitantes locales. 
¿Los saludaste? 

Hasta la próxima!

La montaña, simplemente interminable